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Junio del 2006


rafael alberti, españa

ODA A PLATKO

 

 

Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
¡ Tú, llave, Platko, tu llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo !
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.
El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.
No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.
Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.
Azul heróico y grana,
mando el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.
Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.
¡ Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría !
Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.
nadie, nadie se olvida.
El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.
¡ Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría !
¿ Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte ?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie. Trayectoria


Rafael Alberti

Por lobitogabriel - 29 de Junio, 2006, 15:39, Categoría: poesia
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Amalia Carrera, colombia

Voy a calzar el pié que te quedó desnudo

La noche del amor horizontal

Y te voy a fundir en oro puro

Junto al amor antiguo

Que me es tan grato y tan amargo,

Para poder volar en libertad

Para poder calzar y descalzar

Para poder dormir y amanecer,

Para poder amar y morir

Para poder amar y renacer;

Voy a calzar tu corazón desnudo

Que te quedó atrapado la noche del amor viajero

Y te voy a nombrar con letras grandes

Y te voy a cantar en pentagramas

Y te voy a hacer dormir junto a mi vientre

Y te voy a hacer morir junto a mi muerte.

Voy a vestir y a desvestir tus ojos

Voy a vestir y a desvestir tu boca

Voy a vestir y a desvestir tu alma

Para llenar mis manos de aventura

Junto al hermoso placer

De tu ternura,

Amor de invierno

                        Y árbol blanco.

                                             

Por lobitogabriel - 29 de Junio, 2006, 15:38, Categoría: poesia
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fernando pessoa, portugal

Se depois de eu morrer 

   

Se depois de eu morrer, quiserem escrever a minha biografia, 

Não há nada  mais simples

Tem só duas datas — a da minha nascença e a da minha morte.

Entre uma e outra cousa todos os dias são meus.

Sou fácil de definir.

Vi como um danado.

Amei as cousas sem sentimentalidade nenhuma.

Nunca tive um desejo que não pudesse realizar, porque nunca ceguei.

Mesmo ouvir nunca foi para mim senão um acompanhamento de ver.

Compreendi que as cousas são reais e todas diferentes umas das outras;

Compreendi isto com os olhos, nunca com o pensamento.

Compreender isto corri o pensamento seria achá-las todas iguais.  

Um dia deu-me o sono como a qualquer criança.

Fechei os olhos e dormi.

Além disso, fui o único poeta da Natureza.

     Fernando Pessoa / Alberto Caeiro

Por lobitogabriel - 29 de Junio, 2006, 15:35, Categoría: poesia
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María Eugenia Caseiro

Borradores IV  

 

Hay una extensión donde palpita la voz inalcanzable

donde el rescate se hace rebelde

y crece la memoria colectiva.

Hay un rostro sin espanto,

sin desesperación, sin rasgos, sin nombre.

 

Pero el viento crece

y su adultez de piedra golpea

abre la entretela y las mamparas,

termina por herir, causa el desastre

y no sabemos cómo y cuándo despertar.

 

Cada corazón que escucha

amaga sus latidos hasta el salto;

cada pensamiento es lágrima

apostada en el cristal del karma.

El hombre es temporal y subyugado…

 

-sacar las manchas, lavar el polvo

atizar el carbón de la conciencia

empuñar el remo de los días…-

 

Los que duermen habitan su lugar.

Las campanillas que evaden los silencios

son notas ciertamente ancladas

a la gran necesidad de añadiduras.

 

Si la fuerza en lo trazado,

el deseo de partir en pos de lo dispuesto

donde las plantas caladas por la  melodía de la intemperie

conforman el pan de los desguarnecidos, de los necesitados,

alarga el orden trazando su ruta sobre la desolación

sobre la hora desplegada de la providencia,

cada palmo se convierte en hambre.

 

Si las ranas se atrevieran a romper el canto

el viento, la lluvia,

a lanzar el grito liberto

hacia la inmensa intemperie

hacia su punto ausente,

los fantasmas saldrían de sus tiempos

cabalgando el pensamiento que les turba.

 

Mientras dure la luz trabajaremos…

 

Queda la memoria:

el piélago interior que recopila tiempos,

y está a salvo ese lugar donde los ojos y el oído

no alcanzan las curvas del reloj;

donde el olvido

baja amargamente las cortinas cuando crece

en su infausta eternidad la noche.

 

María Eugenia Caseiro

Por lobitogabriel - 29 de Junio, 2006, 15:34, Categoría: poesia
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harmonie botella, españa

Harmonie Botella Chaves

El Campello . Alicante

Mar.

 

Movimiento sísmico, a veces   hechicero,

matices azures, tonos de pradera somnolienta,

tonalidades de rabiosa  espuma nívea,

engalanan la superficie misteriosa

que rodean los litorales ambarinos.

El mar, en su reflujo incesante,

agasaja los arrecifes con un vaivén

y unas ondas añiles de leyendas cargadas.

Lame voluptuosamente la cálida arena áurea

 y acuna en sus misteriosas hondonadas

la magnitud de la afligida soledad blanquecina.

Las gaviotas surcan el espacio céreo,

confundiendo las aguas índigo con el cielo

que invade el horizonte  e introduce sus raíces

en las mareas  esmeraldas del renacer y de la muerte.

Por lobitogabriel - 29 de Junio, 2006, 15:32, Categoría: poesia
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lady lopez, españa

Elegía a la casa y otros recovecos

Lady López

Los dulces años de infancia

 

El eco de su presencia siembra primavera en mis inviernos, y  el recuerdo de sus caricias reverdece el jardín de mis  otoños. El verano, arrepentido de su huída hacia el pasado, se instala soberano en el palco de honor de mi memoria”. 

                       © Bruno Kampel

 

I

Cambia la escena. Todos permanecen inmóviles. Es de día, es la hora y el momento preciso. No hay antes ni después. ¡Comenzamos!

La educación católica me sirvió para alejarme de Dios, y en la comunión perdí la Fe. Fui victima de las monjas que, por debajo de sus hábitos, cubrían su encarnizada violencia, y en sus miradas exhibían su arrogancia ante aquello que tuviera un poco de pureza. Dos o tres golpes con la baqueta sobre las palmas de las manos convertían las letras en dolorosas verdades.

Si Dios me hubiese acompañado,

tendría dibujadas en las pupilas

pájaros de estaño y un corazón

habitado por el mundo.

 

Huí del abecedario cuando entendí el significado de las palabras abuso,  brutalidad, intolerancia, impiedad y opresión. Nunca más podría convivir con ellas. De puntillas y en silencio escapé a las luces, armada de cincel y espadas de acero para las arduas embestidas.

No sólo los vocablos entraron con energía. La infancia también tuvo su lado punzante y cruel. Mis compañeras de pupitre advertían mi aparente fragilidad de espíritu. Después de rodearme como enjambres, se transfiguraban en buitres para picarme los ojos y amordazar mi cuerpo. El sortilegio de mis alas vencía los injustos ataques. Marchaba con la prisa de mis pies, soy mis pasos tierra firme, y Pegaso al vuelo gritaba a mi oído: vive en libertad, ¡corre y huye, déjalas atrás!

Aún después de haberme fugado, los buitres siguen mis huellas, los tengo en casa, se dicen amigos, me estrechan la mano, y me tienden una trampa. Son entelequias del ayer, implacables me asaltan en la noche aunque sé que les he vencido.

Cerraba la vida escolar de la infancia cuando descubrí que no era yo quien era. Ante los hombres me nombran y en el bautismo me renombran. Un abismo al interior me divide, soy dos continentes en un peñasco. Puedo cambiar de piel a mis antojos. Las máscaras cubren por primera vez mi rostro, y así me muestro. Los caminos se bifurcan: perdí las huellas, perdí el himen que franquea con insensatez la historia marcada en el oráculo.

 

No soy lo que no he sido y lo que no seré:

soy cristal en dos fragmentos...

la soledad se hace polvo...

me asfixio en el tumulto...

¿Quién soy? : ¡Ahora, camaleón!

 

II

Los años infantiles terminan con el abandono de mi padre. Al partir, llevaba en las maletas una botella de alcohol, sus mujeres y su rudeza. Al despedirse encontré en su mirada, oscura y fatigada, la absolución que da el arrepentimiento. Fue la única vez que con su bendición sentí alivio. Estrechó entre sus brazos a sus críos y su vista se nubló al guardar en su bolsillo aquel triste adiós. Le vi en las pupilas su amor fraternal y duradero.

 

De cepa maya, aprendiz de jaguar,

serpiente emplumada, hombre bronce,

hijo de la calle que le vio jugar,

errante entre las tinieblas,

guerrero imbatible.

Aquí te despido:

encuentra la luz del amanecer.

 

Erecto, y desgajado por dentro, se fue solo, así como llegó. Partió y, al hacerlo, la casa recobró la luz. Al paso de los años logré entender su intolerancia. Habitó la calle, su nombre se deletrea en la banca del parque que le prodigaba el descanso nocturno. No hay arraigo cuando no se tiene una taza de café caliente y unas sábanas limpias para refrescar los sueños.

Fue un presagio. Después vi partir a otros seres luminosos. Al evocarlos, acudo a su encuentro como en días de fiesta o me refugio en la orfandad cuando me faltan sus caricias o la tibieza de sus manos.

Por lobitogabriel - 29 de Junio, 2006, 15:31, Categoría: cuento
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carlos monteros, argentina

Carlos Monteros

13 de diciembre de 2001- 13 de diciembre de 2005

Resistencia - Chaco - Argentina Margarita Belén - Hito de la memoria

De hitos 1

Veintitrés

 

Me sucede como una circunstancia

trágica  el  ánimo en Diciembre

que me aprisiona en recuerdos

y en una absurda impotencia.

 

      Cuento los años y todo lo que hice

o dejé de hacer desde entonces

y hago la sumatoria ineludible

donde ingresan los logros,

los fracasos, las penas,

las alegrías.

 

Trazo la raya y me encuentro

con mis canas, mi lento andar,

las cosas que fueron, las que

por mucho que quiera no serán.

 

Luego me detengo al descubrir

que en ningún sitio del balance

he colocado la vida.

 

¡Nada más ni nada menos

que la vida!

La que tuve, la que tengo,

la que espero tener mañana.

 

 

Cuando mi amigo Lorenzo

cuenta que hace veintitrés años

habían entonado la Marcha Peronista

en los pabellones

como un abrazo de  despedida

a los que se iban para no volver,

me quedo sin respuestas.

 

Iré una vez más, para juntarnos

mirarnos, reconocernos,

tocarnos y cubrirnos con  el poncho

de los afectos,

sabiendo que tenemos la vida.

 

Que ellos, ese fatídico

trece de  diciembre, la perdieron,

sin que hayan tenido

la oportunidad de defenderla,

excepto cuando dijeron:

 

¡Oh!

¡Juremos con gloria morir!

 

Resistencia, diciembre de 1999

Por lobitogabriel - 29 de Junio, 2006, 15:30, Categoría: poesia
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john cuellar, peru

¡OSHÍN, LUCKY, WACHI!

 

Ernesto ha vuelto de la ciudad con una bolsa negra donde ha juntado sobras de comida para él y sus cachorros. Antes de ingresar ha mirado su casa cinco veces, entrecerrando los ojos, dudando si esa morada, sus cuatro paredes de adobe, sus calaminas agujereadas y su puerta de latón, aún eran suyas; pero los ladridos le confirmaron que ése seguía siendo su refugio.

Ha abierto la puerta desesperadamente porque ha percibido los aullidos lastimeros de sus cánidos que no han silenciado desde que lo sintieron ingresar por la calle El Salvador. Apenas dentro, los perros se le abalanzaron.

-¡Oshín, Lucky, Wachi! ¡Ja, ja, ja¡ ¡Vamos, que hay para todos!

Por lobitogabriel - 29 de Junio, 2006, 15:25, Categoría: cuento
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papeles de sardinia, gabriel impaglione

Ya en circulacion Papeles de Sardinia, poesia-. bilingue
Un abrazo!
gabriel
agradecido de la difusion.
Carte di Sardinia

di Gabriel Impaglione

Editrice UNI Service

Poesie

Pp. 117

F.to 210X148

Euro 10,00

ISBN 88-88859-57-8

 

 

È il canto di un migrante quello chiuso tra le Carte di Sardinia di Gabriel Impaglione; un canto che è dunque esperienza di vita ma che, come ogni momento importante, pertinente ad un cuore diviso, non può che trasformarsi in sentito resoconto degli impossibili e inquieti vagabondaggi dello spirito. Meglio ancora, non può che diventare cronaca sofferta di un altro viaggio dell'io-che-si-propone. Un viaggio dove il punto di partenza e quello d'arrivo, pur abitando dimensioni diverse, non rischiano comunque di confondersi, grazie soprattutto al collante di una memoria partecipe e al profondo coinvolgimento del poeta.- ( Prefaz.: Rina Brundu, Dublin)

 

 

 

 

Gabriel Impaglione (BsAs.1958) poeta e giornalista argentino.

Alcune sue pubblicazioni: "Echarle pájaros al Mundo" (Ediciones Panorama, BsAs, 1994), "Breviario de Cartografía Mágica" (El Taller del Poeta, Galicia, 2002), "Poemas Quietos" (Antol. Editorial Mizares, Barcelona, 2002), "Bagdad y otros poemas" (El Taller del Poeta, Galicia, 2003), "Letrarios de Utópolis" (Linajes Editores, México, 2004), "Cuentapájaros" (Taller del Poeta, Galicia), “alala” (Taller del poeta, España, 2005). Canto a un prisionero (Antol. Edit. Poetas Antiimperialistas, Otawwa, 2006)
Dirige la rivista letteraria Isla Negra, coordina edizioni in italiano e sardo di Isola Nera e Isola Niedda e in portoghese di Ilha Negra. Collabora con varie riviste d'oltreoceano. Blog: http://isla_negra.zoomblog.com

 

 

Gabriel Impaglione
Argentina

Tratto da Carte di Sardinia

 

Nell’immensità delle pianure del sale

cercarono le reti
il pesce d’oro, i porti dove ancoravano
la prima aurora, il bacio dell’ultima sirena,
la casa stabilita del pane caldo.
Furono le navi l’origine delle moltitudini.
Negli umidi corridoi dove nacquero
speranze, figli morti, garofani
nelle mani
uno dietro l’altro in lunga fila di silenzi
resero le loro lingue
le valigie sovraccariche di domande.
Allora subirono nella terra nuova le scarpe
rotte alle impalcature
costruirono la volontà del pranzo.
Si guastarono la pelle fino a denudare la piaga
dove il dolore pulsa il suo primo grido,
li bruciò la calce, la macchina
gli tolse una mano, l’olfatto, li morsicò la luce,
ogni paga giornaliera fu una spugna d’aceto.
Nei rioni dove il muschio d’orina
non ha potuto con la rosa, aprirono un vuoto
nel freddo per cullare i figli.
La terra li chiamò seme e il seme
padre, e fondarono l’esplosione del cereale.
E così la ruota avanzò dove nulla fu e nulla successe se non il vento.
Il cammino si fece stenditoio di cranii e papaveri,
stracci, nomi perduti, guerre
che morsicavano la memoria, lunghe traversie
cercando l’origine che non era se non la nuova
direzione.
Il ritorno coperto nelle cartoline
a volte trepidò come un passero ferito.
Riempirono i nuovi orizzonti di olive,
chitarre, strutture, viti, punti di partenza,
e sollevarono la casa che li vide nascere, partire
e tornare ogni domenica il meglio dei sogni.
Molto dopo nelle pianure del sale
i figli rientrarono per il pesce d’oro
il palmo d’aria
il possibile
di spalle all’humus carbonizzato dalla tristezza.
Allora i paesi di strade strette,
dove già nessuno aspettava notizie d’oltre mare,
dove restavano molto lontane
le nuove dimensioni del mondo.
 

 

En la inmensidad de las llanuras del salitre

buscaron las redes

el pez de oro, los puertos donde anclaban

la primera aurora, el beso de la última sirena,

la casa establecida del pan caliente.

Fueron los barcos el origen de las multitudes.

En los húmedos corredores donde nacían

esperanzas, hijos muertos, claveles

en las manos

uno detrás de otro en larga fila de silencios

rindieron sus lenguas

las valijas abarrotadas de preguntas.

Entonces subieron en la tierra nueva los zapatos

rotos a los andamios

construyeron la voluntad del almuerzo.

Se gastaron la piel hasta desnudar la llaga

donde el dolor pulsa su primer grito,

los quemó la cal, la máquina

les llevó una mano, el olfato, les mordió la luz,

cada jornal fue un esponja con vinagre.

En los arrabales donde el musgo del orín

no pudo con la rosa, abrieron un hueco